miércoles, 10 de agosto de 2016

"UNA ALUCINANTE DESFACHATEZ" POR JUAN MANUEL DE PRADA


A lomos de la oleada de atentados yihadistas que golpea Europa, hemos detectado un movimiento de alucinante desfachatez en ciertos sectores neocones, encargados hasta ayer mismo de pastorear a una parroquia desnortada hacia una inexistente Arcadia global que se instauraría con tan sólo defecar unas cuantas bombitas en Oriente Próximo. Ahora estos pájaros empiezan a adoptar un discurso extrañamente identitario que se rasga las vestiduras ante la inanidad en la que languidece Europa. Han detectado que su parroquia tiene un rechazo instintivo al moro; y se apresuran a pastorearla, en la esperanza de que pronto surja un nuevo tingladillo de derechas en el que puedan seguir mamando de la teta, como durante décadas han mamado opíparamente de la teta pepera.

A fin de cuentas, la ideología de estos bellacos es errabunda, tan errabunda como ese Dinero cuyas trapisondas manchadas de sangre han defendido con ardor. En su juventud fueron casi todos izquierdistas furibundos; pero como la izquierda, al llegar al poder, no los dejó mamar de la teta (o la teta que les brindó les pareció insuficiente) se hicieron derechistas furibundos, para convertirse en prescriptores de una parroquia desnortada que, tras traicionar la fe (y la sangre) de sus mayores y comulgar con los derechos de bragueta, precisaba con urgencia una morralla ideológica que justificase su desfondamiento y claudicación. Suministraron a esta parroquia desnortada la morralla ideológica que precisaba, para no morirse de vergüenza; y, a cambio, la condujeron hasta los verdes pastos de la “sociedad abierta”, del “mundo libre” y demás farfollas neocones, un paraíso donde el Dinero se multiplicaba exponencialmente y la democracia se exportaba hasta el último confín del orbe, mediante el apostolado de las bombas.

Era la época en que nuestros neocones patrios se ponían como motos buscando “armas de destrucción masiva” en Irak, era la época en que aplaudían con las orejas los crueles delirios expansionistas de Israel, era la época en que se ponían furibundos cada vez que un dictador de Oriente Próximo no se resignaba a ser la marioneta del anglosionismo internacional, era la época en que dieron en llamar “insurgentes” y “oposición moderada” a los orcos yihadistas financiados por Estados Unidos y Arabia Saudita. Y ahora, como por arte de birlibirloque, estos pájaros quieren aprovechar la mezcla de canguelo y cabreo que inunda al facherío bobelas para sacar pecho, ante la avalancha migratoria mahometana. Pero resulta, queridos neocones, que esa avalancha es la consecuencia lógica e inevitable de aquella política internacional que aplaudíais; esta avalancha migratoria, queridos neocones, es el resultado directo de la destrucción de aquellos regímenes políticos que habrían podido contenerla. La ingente mortandad padecida por chiíes y cristianos en Oriente Próximo, así como las matanzas muchísimo más modestas perpetradas por los yihadistas en Europa, se podrían haber evitado, queridos neocones, si Hussein, Gadafi o Al Assad hubiesen seguido controlando sus respectivos avisperos. Pero, ¡hay que ver qué cachondos os poníais cada vez que uno de ellos era depuesto o linchado por esos “insurgentes” tan heroicos!

Y ahora, en el colmo de la desfachatez, queréis erigiros en paladines de esta Europa que tiembla como un junco ante la invasión mahometana provocada por el caos que habéis estado aplaudiendo con las orejas hasta ayer mismo. Siento lástima por esa parroquia desnortada que se traga toda vuestra morralla ideológica. Y espero que algún día caiga sobre vuestras cabezas toda la sangre inocente cuyo derramamiento habéis jaleado, mientras mamabais de la teta hasta quedar ahítos.

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