martes, 10 de diciembre de 2013

INTRODUCCION Y PUNTUALIZACION DE LA EXHORTACION APOSTOLICA EVANGELII GAUDIUM


Publicamos un interesante trabajo de análisis a modo de introducción de la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium aparecido en PCI, 27-Nov-2013, el cual, puntualiza los errores (llamados por el autor como “señales negativas”) y algunos puntos positivos llamados “señales positivas”. Sin embargo queremos aclarar algo. Las “señales positivas”, entre medio de las “señales negativas”, terminan ayudando a afianzar el contenido heterodoxo de la Exhortación. Por eso recordamos, a nuestros lectores, lo que exhortaba el Papa León XIII en su encíclica Satis Cognitum (29-06-1896) cuando decía que:

“Nada es más peligroso que esos heterodoxos que, conservando en lo demás la integridad de la doctrina, con una sola palabra, como gota de veneno, corrompen la pureza y sencillez de la fe que hemos recibido de la tradición dominical, después apostólica”.


Introducción y puntualización de la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium

Augusto del Río

El conocido autor de “El Drama Litúrgico”, Augusto del Río, nos ha preparado una reseña del primer documento doctrinal salido de la pluma del papa Francisco, la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Por razones didácticas se ha preparado con un análisis general muy breve y dos puntualizaciones, que el autor llama “señales negativas” y “señales positivas”. Parece indispensable leer este trabajo a fin de tener un marco referencial de lo expuesto en el documento pontificio, en particular a los que no somos especialistas en teología.

Análisis general

Es un documento larguísimo (en pdf son 224 páginas) jamás se refiere a Jesucristo con el término “Redentor”. Hay sí una referencia a los brazos “redentores” del Señor (N°3). Utiliza siempre “Resucitado” para referirse a Jesucristo. Jamás es Nuestro Señor Jesucristo, “Nuestro Señor” la utiliza una vez.
No hay una sola referencia al pecado original. Jamás a la falta original que necesitó de la redención para ser sanada. Jamás ninguna referencia a la situación de miseria del hombre sin Cristo.
El anuncio esencial es: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y su amistad. Pero nunca se aclara de qué se nos tiene que salvar. Y muchas veces queda confuso con un anuncio de promoción humana.
Hay una permanente descalificación del Anuncio como un anuncio de VERDADES CONCRETAS.
Descalificación de las fórmulas “rígidas”, “precisas”, “ortodoxas” que nunca pueden encerrar el Anuncio. Esos esquemas son “aburridos”.
De hecho no hay ninguna referencia a que el Anuncio implique creer ALGO CONCRETO Y DETERMINADO.
Jamás hay una referencia a que hay que CONVERTIR a los demás. Y recuérdese que se está hablando de un documento sobre la Evangelización.
Todas las referencias son sobre convertirse uno, convertirse la Iglesia para que anuncie más eficazmente, convertirse los agentes de pastoral. jamás una referencia al problema de la salvación de aquellos que están en las falsas religiones (obviamente jamás se las califica así).
Se menciona a la gracia pero jamás se da una definición de ella. Y menos se la aplica como una fuerza sobrenatural que es absolutamente necesaria para la salvación.
Jamás se habla de la posibilidad de condenación eterna.
Muchas veces tira la piedra y esconde la mano porque no aclara a qué ejemplos concretos se refiere.
Hay una cantidad de afirmaciones que provocan “sensaciones” equívocas y ambiguas respecto a la importancia y el papel de la doctrina o el Magisterio en la historia de la Iglesia..
Usa continuamente la categoría de Pueblo de Dios para referirse a la Iglesia con la ambigüedad que ello implica.

Si alguien quiere analizar cuáles son sus fuentes tenga presente que ha citado de la siguiente manera:

48 veces a Juan Pablo II
40 veces al Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización
24 veces a Paulo VI
20 veces a Benedicto XVI (incluida una cita del cardenal Ratzinger)
18 veces al Concilio Vaticano II
12 veces a Santo Tomás pero en ninguna el santo se refiere a la fe, a la verdad y al objetivo de la evangelización.
10 veces al documento de Aparecida
9 veces a los Santos Padres
7 veces al Catecismo de la Doctrina Social de la Iglesia
4 veces los documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe
2 veces el documento de Puebla
2 veces la Conferencia Episcopal de EE.UU.
2 veces a la Conferencia Episcopal de Francia
1 vez al CATIC
1 vez a la Conferencia Episcopal de Brasil
1 vez a la Conferencia Episcopal de Filipinas
1 vez a la Conferencia Episcopal del Congo
1 vez a la Conferencia Episcopal de la India
1 vez el documento de la Comisión Teológica Internacional El cristianismo y las religiones (1996).
1 vez a la Acción Católica Italiana
1 vez a Platón, a Newman, a G. Bernanós, al Kempis, a Sta. Teresa de Lisieux, a Guardini, a “Tucho” Fernández (rector de la UCA) y a Ismael Quiles.

En particular SEÑALES NEGATIVAS.

1. Quiere más poder para las Conferencias Episcopales, ALGUNA AUTÉNTICA AUTORIDAD DOCTRINAL (N°32).

2. Lo esencial es “la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado”. Ni una referencia al sacrificio redentor de Cristo que paga la deuda del pecado del hombre. (N°36).

3. El evangelio es ante todo responder al Dios amante que nos salva. PERO NUNCA DICE DE QUÉ NOS SALVA. (N°39).

4. Hace sospechoso cualquier anuncio doctrinal. Porque si no se anuncia al Dios que nos ama resulta que eso es producto de acentos doctrinales o morales que proceden de opciones ideológicas (N°39).

5. Habla de distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral metiendo todo en la misma bolsa, como si fuera lo mismo la legítima libertad que puede haber en líneas pastorales, igualadas con la libertad que no puede haber cuando se habla de filosofías o teologías las que claramente son obstáculo para una presentación clara de la verdad católica. Y todo justificado “porque si no estaríamos frente a una doctrina monolítica defendida por todos sin matices”. (N°40)

6. Comete el error garrafal de decir que un lenguaje completamente ortodoxo es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo porque no se adapta al lenguaje que utilizan los fieles (N°41).

7. Es más, dice enseguida que  “con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en algunas ocasiones LES DAMOS UN FALSO DIOS O UN IDEAL HUMANO QUE NO ES VERDADERAMENTE CRISTIANO. Tira la piedra y esconde la mano porque jamás aclara a qué casos se refiere.

8. Dice que LA EXPRESIÓN DE LA VERDAD PUEDE SER MULTIFORME, lo que afirma contra la Humani Generis de Pío XII que claramente dice que NO SE PUEDE ABANDONAR LAS FÓRMULAS QUE LA SABIDURÍA PERENNE HA CONSAGRADO PARA LA EXPRESIÓN DE LA VERDAD CATOLICA.

9. Cita de manera incompleta a Santo Tomás de Aquino cuando éste dice que los preceptos dados por Cristo y los Apóstoles al Pueblo de Dios (a la Iglesia) “son poquísimos”. Santo Tomás se refería a la comparación entre los preceptos gravosos de la Antigua Ley y el yugo ligero de Cristo. Pero Santo Tomás dice que son poquísimos los que Cristo agregó a la Ley de los 10 Mandamientos.  Por el contexto el papa da la sensación errónea de que son tan pocos los preceptos que no hay que insistir tanto en ellos y que pueden ser un obstáculo si queremos una predicación que llegue a todos. (N°43). Además NO MENCIONA EN NINGÚN LUGAR LA LEY NATURAL IMPRESA POR DIOS EN NUESTRA CONCIENCIA.

10. “Tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera” (N°47). No aclara cuáles serían esas razones cualesquiera y ya La Nación ha interpretado que se refiere a los divorciados vueltos a casar que quieran acceder a la comunión.

11. Habla de no ser “controladores de la gracia” y que la Iglesia no es una aduana, cuando sabe perfectamente que Cristo ha dicho que no debe tirarse perlas a los cerdos y la Iglesia siempre ha cuidado que lo sagrado no sea pisoteado. (N°47)

12. Dice que prefiere una Iglesia accidentada y herida y manchada por salir a la calle antes que una Iglesia enferma por el encierro haciendo una típica dialéctica insustancial. Ni lo uno ni lo otro.

13. Pone la duda sobre las normas de la Iglesia, que según afirma “ nos vuelven jueces implacables” (N°49).

14. Ataca a los grupos tradicionalistas elípticamente: “formas exteriores de tradiciones de ciertos grupos, o en supuestas revelaciones privadas que se absolutizan” (N°70).

15. Considera que las advertencias sobre el fin de los tiempos y la apostasía son pesimismos paralizantes. y estériles (N°84) y cita para rebatirlo el famoso pasaje del discurso inaugural de Juan XXIII en el Concilio donde condena a los profetas de calamidades, pasaje que se sabe perfectamente hoy que se refiere al mensaje de Fátima. Lo curioso es que el papa Francisco también habla de no caer en optimismos ingenuos aunque ese mismo discurso cae en ese optimismo.

16. Repite algunos de de sus típicos “bergoglemas” (uno de tantos del documento) cuando afirma: “Sentimos el desafío de descubrir y transmitir LA MÍSTICA DE ESTAR JUNTOS, DE MEZCLARNOS, DE ENCONTRARNOS, DE TOMARNOS DE LOS BRAZOS… (¿?) (N°87)

17. Vuelve a pegarles a los tradicionalistas cuando habla de “un neopelagianismo autorreferencial y prometeico” inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado (N°94). Supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario donde se gasta las energías en controlar (N°94).

18. Otro tiro por elevación al tradicionalismo está en el número siguiente (95) cuando dice que la mundanidad se manifiesta en un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, que prefieren ser generales de ejércitos derrotados

19. Hace “demagogia” con los jóvenes cuando les atribuye llevar en sí las nuevas tendencias de la humanidad (¿?) (N°108) que nos abren al futuro (¿?)

20. Ser Iglesia es llevar la salvación de Dios en este mundo, pero nunca aclara de qué tipo de salvación hablamos y de qué tenemos que salvarnos (N°114).

21. Habla sin precisión de una infalibilidad del Pueblo de Dios (sensum fidei) sin referirse claramente al poder magisterial. (N°119)

22. Le da un papel desmesurado a la piedad popular que no implica necesariamente una vida sacramental (N°125)

23. Nuevamente afirma que el anuncio fundamental es: el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entregó por nosotros y está vivo ofreciendo su salvación y amistad. Si esta es la referencia a la Buena Nueva, jamás la contrapone con la Mala Nueva (el pecado original) y la necesidad de que Cristo se ofreciera en sacrificio expiatorio por nosotros. (N°128)

24. Desprecia nuevamente la precisión terminológica de las fórmulas de la fe: “No hay que pensar que el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable. Se transmite de formas tan diversasque sería imposible describirlas o catalogarlas, donde el Pueblo de Dios, con sus innumerables gestos y signos, es sujeto colectivo. (N°129).

25. Lanza un manto de sospecha sobre cualquier tipo de uniformidad al decir que “no ayuda a la misión de la Iglesia” (N°131).

26. Se equivoca al atribuir al simple sacerdote el poder de interpretar la Escritura al preparar las homilías, cuando se sabe perfectamente que el sacerdote debe transmitir el contenido de la fe y no ser intérprete (cosa que le corresponde al Magisterio de la Iglesia) N°146.

27. Parece quitarle importancia a la formación doctrinal nuevamente (N°161).

28. Nueva alusión crítica contra la predicación de la doctrina “a veces más filosóficas que evangélicas”. El anuncio debe expresar el amor salvífico de Dios, “que no imponga la verdad” (N°165). Parece que no hay ninguna urgencia de que la gente crea porque igual (ya veremos más adelante) puede salvarse de todos modos.

29. “Hacer resplandecer la verdad y la bondad del Resucitado”, jamás dice “Redentor” (N°167).

30. Cae en el típico error que ha hecho estragos entre los fieles al proponer un estudio serio y perseverante de la Biblia sin decir nada sobre que estos estudios deben ser dirigidos a la luz del Magisterio de la Iglesia (N°175) y que las personas tienen que saber primero las verdades básicas de la fe, antes que pretender estudiar la Biblia.

31. En todo el capítulo IV (dimensión social de la Evangelización) hay un tufillo a Teología de la Liberación, no distinguiendo adecuadamente entre la categoría socioeconómica de pobre y la categoría evangélica teológica de pobre. (N°176 y sgtes.) aunque intenta una pobre distinción con la ideología en el N°199.

32. Cae en el típico error woytiliano y lubaciano de confundir plano natural y sobrenatural al afirmar que “confesar que el Hijo de Dios asumió nuestra carne humana SIGNIFICA QUE CADA PERSONA HUMANA HA SIDO ELEVADA AL CORAZÓN MISMO DE DIOS”. (N°178). No distingue claramente entre la dignidad natural del hombre y el estado de gracia sobrenatural.

33. Rebaja los principios de la Doctrina Social de la Iglesia que deben ser enseñados a las sociedades al mero “derecho de los pastores a emitir opinión” sobre los temas que afectan la vida de las personas. (N°182).

34. Considera que dos grandes cuestiones determinarán el futuro de la humanidad, pero son dos cuestiones de orden puramente natural (la inclusión social de los pobres por un lado, y el diálogo social y la paz por el otro). (N°185).

35. Nuevamente critica a los “defensores de «la ortodoxia» (así, entre comillas) haciendo dialéctica insustancial. (N°194)

36. Al mismo tiempo que condena el aborto, dice que se ha hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres, ignorando la cantidad de asociaciones católicas que desde hace décadas asisten a las madres solteras, de las que no dice ni una palabra (N°214)

37. Usa un lenguaje inapropiado de tinte sociologista: “generar procesos que construyan pueblo” (sic) (N°224).

38. Hace dialéctica hegeliana cuando alude al diálogo de posiciones enfrentadas, como si eso pudiera aplicarse a la verdad revelada (N°228).

39. Parece Hegel cuando afirma: “La unidad del Espíritu armoniza todas las diversidades” (N°230). Y no distingue si se refiere a diversidades meramente accidentales o esenciales de la fe

40. Se niega a usar la categoría filosófica del “realismo metafísico” cuando estaban dadas todas las condiciones para ello al criticar a los idealismos y nominalismos (N°232).

41. Redacta mal el documento la relación entre las verdades de la ciencia positiva y las verdades de fe, de tal manera que parece que hubiera una subordinación de la fe al conocimiento científico positivo: “cuando… la ciencia… vuelve evidente una determinada conclusión que la razón no puede negar, la fe no la contradice”. (N°243).

42. Aplica todos los lugares comunes de la obsesión ecumenista (N°244 y sgtes.). EN NINGÚN MOMENTO SE HABLA DE CONVERSIÓN PARA INGRESAR A LA IGLESIA CATÓLICA.

43. Cae en el error herético de buscar lo que nos une para hacer expresiones comunes de anuncio [de la fe], lo cual disuelve el contenido de la fe (N°246).

44. Cae en el error herético de considerar que debemos aprender “lo que el Espíritu ha sembrado en ellos [los herejes] como un don también para nosotros” (N°246).

45. Parece que tenemos que aprender la colegialidad episcopal de los cismáticos ortodoxos (N°246) y la experiencia “de la sinodalidad”.

46. Sostiene casi todas las afirmaciones de la herejías judeocristiana (N°247 y sgtes.)

47. “Los judíos no están incluidos entre aquellos llamados a dejar los ídolos para convertirse al verdadero Dios [porque] creemos junto con ellos EN EL ÚNICO DIOS que actúa en la historia, y ACOGEMOS CON ELLOS LA COMÚN PALABRA REVELADA” (N°247). Nótese la enorme herejía aquí dicha. Se niega al Dios trinitario y además se hace alusión directa a la Palabra de Dios que sabemos que es el mismo Cristo, negado por los judíos. Niega entero el proemio del Evangelio según San Juan.

48. Alude a las persecuciones a los judíos en el pasado por parte de cristianos sin decir palabra sobre las persecuciones de los judíos a los cristianos (N°248).

49. Afirma que “Dios… provoca tesoros de sabiduría que brotan del encuentro del pueblo judío con la Palabra divina”, cuando sabemos que esa Palabra es justamente lo que ellos niegan (N°249).

50. Afirma erróneamente que podemos leer juntos los textos de la Biblia hebrea cuando se sabe que el texto talmúdico ha adulterado la Biblia para poder negar más fácilmente las profecías que se refieren a Cristo y además lo ha mutilado (N°249). Esa mutilación (eliminación de los “deuterocanónicos” en la versión de Jerusalén se trasladó a las llamadas Biblias protestantes

51. Afirma erróneamente que los islámicos adoran CON NOSOTROS a un Dios único (N°252).

52. Afirma que el Islam auténtico no es violento, lo cual es enormemente discutible (N°253).

53. Cita el espantoso documento de la Comisión Teológica Internacional sobre las religiones donde afirma: que los no cristianos, por la gratuita iniciativa divina, y fieles a su conciencia (sin agregar “recta”), pueden vivir “justificados mediante la gracia de Dios” (N°254) lo cual hace bastante inútil por cierto las misiones.

54. Afirma la herejía según la cual los ritos y signos de las religiones falsas “pueden ser cauces QUE EL MISMO ESPÍRITU SUSCITE para liberar a los no cristianos del inmanentismo ateo o de experiencias religiosas meramente individuales” (N°254).

55. En particular SEÑALES POSITIVAS

1. no se debe enseñar lo moral descontextualizado (N°34) del anuncio principal.

2. No se debe hablar más de la Ley que de la Gracia (N°38) pero no explica lo que es la gracia y por qué es tan necesaria.

3. La ética cristiana (no dice ética católica o moral católica) no es una ética estoica ni [“únicamente” debería agregarse] un catálogo de pecados y errores.

4. Hace una correcta descripción pero llena de lugares comunes de la injusticia de la situación económica mundial, sometida al poder del dinero y a los principios liberales del libre mercado. Pero nunca habla de la usura. (N°52 al 60)

5. Desautoriza la “teoría del derrame” (N°54), leyenda del capitalismo liberal.

6. Habla de la globalización de la indiferencia (N°54)

7. Habla del “fetichismo del dinero y la dictadura de la economía (N°55)

8. Critica a los que niegan el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común (N°56).

9. Afirma que tras estas actitudes se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios (N°57).

10. Aunque no habla de la usura, pide una reforma financiera en donde el dinero sirva y no gobierne (N°58).

11. Critica la exacerbación del consumo (N°60)

12. Condena el relativismo moral (N°64).

13. Habla del complejo de inferioridad de los agentes pastorales que los lleva a relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones (N°79).

14. Reconoce una “desertificación espiritual” (N°86) fruto de sociedades que quieren construirse sin Dios o que destruyen sus raíces cristianas.

15. No está en discusión el sacerdocio reservado a los varones, pero insiste en buscar formas de reconocer el lugar de la mujer (N°104).

16. Pide una mejor selección de los candidatos al sacerdocio porque los seminarios no se pueden llenar por cualquier tipo de motivaciones, y menos si éstas se relacionan con inseguridades afectivas (¿contra los homosexuales en los seminarios católicos?) (N°107).

17. Brinda una serie de consejos útiles para las homilías (N°135 y sgtes.)

18. Dice que la opción por los pobres debe traducirse PRINCIPALMENTE en una atención religiosa privilegiada y prioritaria (N°200).

19. Condena la “mano invisible” del mercado (N°204).

20. Habla contra el aborto (N°213).

21. Dice que “no cabe esperar que la Iglesia cambie su postura sobre la cuestión” (¡menos mal!) N°214.

22. “Los creyentes tampoco pueden pretender que una opinión científica que les agrada, y que ni siquiera ha sido suficientemente comprobada, adquiera el peso de un dogma de fe” (¿contra el evolucionismo?) (N°243).

Nota aclaratoria: ¿Qué es el sensus fidelium?

Etim.: Latín: “El Sentido de los fieles”

Otras expresiones para la misma idea: “consensus fidelium” y “sensus fidei” (el sentido de la fe).
El Sensus fidelium es una unción especial que posee la universalidad de los fieles para no fallar en su creencia. Es un sentimiento sobrenatural de la fe de todo el pueblo, cuando "desde los Obispos hasta los últimos fieles seglares" manifiesta el asentimiento universal en las cosas de fe y de costumbres." Cuando tomamos la universalidad de los fieles en el sentido histórico vemos que si toda la Iglesia, tanto el pueblo como los pastores, han creído (aceptado como revelada) una verdad, entonces no pueden errar. Es infalible.  Esto aplica a las doctrinas mas básicas que la Iglesia enseña como reveladas. El concepto del Sensus Fidelis se encuentra en los Padres de la Iglesia.
El Sensus fidelium no es sinónimo al clamor de la mayoría. Si una doctrina ha cumplido esta condición de infalibilidad en el pasado, y el pueblo de otra época posterior la llega a dudar o negar, esto no hace que la doctrina deje de ser infalible. Cuando el Papa nos recuerda de estas verdades no es necesario que haga una nueva solemne definición.

lunes, 9 de diciembre de 2013

"LA POSIBLE COMUNION A LOS DIVORCIADOS Y EL POSIBLE CISMA EN LA IGLESIA" POR LUIS FERNANDO

Luis Fernando Pérez Bustamante
Se le podrán dar todas las vueltas que se quiera a este asunto, pero va siendo hora de que haya más obispos y cardenales que den un paso al frente y dejen las cosas claras. La idea de que se puede abrir la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar comulguen va en contra de la fe católica. Es decir, no estamos ante una mera cuestión pastoral, sino algo que afecta a la misma esencia de dos sacramentos: el del matrimonio y el de la Eucaristía.
El primero, en cuanto que es indisoluble, no puede ser ninguneado aceptando una segunda unión irregular, a la que Cristo, recordémoslo, llama adulterio. Puede que la palabra adúltero sea hoy políticamente incorrecta. Puede que pastoralmente se opte por rebajar el tono de la descripción de la realidad espiritual de esas personas. Pero Cristo dijo lo que dijo. Ante los ojos de Dios, quien se ha divorciado y vuelve a casarse es un adúltero. Y a quien no le guste que yo lo diga, que le pida explicaciones a nuestro Señor y Salvador, que fue quien usó esa palabra.
Ni que decir tiene que si un adúltero quiere mantener una vida espiritual, la Iglesia no puede rechazarle y dejarle “tirado en la calle". Como madre, debe recibirle, ayudarle, encaminarle hacia la salvación. Pero en esa ayuda no se puede soslayar la verdad. A saber:
¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros… (1ª Cor 6,9)
El matrimonio sea tenido por todos en honor; el lecho conyugal sea sin mancha, porque Dios ha de juzgar a los fornicarios y a los adúlteros. (Heb 13,4)
¿Qué tipo de pastoral sería aquella que deja al pecador en un pecado que es incompatible con la salvación? ¿Me lo puede explicar alguien sea seglar, religioso, diácono, sacerdote, obispo, cardenal o Papa? ¿o quizás vamos a ser más “buenos pastores” que Cristo, que nos recordó aquello de “lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mt 19,6? ¿de verdad alguien piensa que el poder para atar y desatar que el Señor dio a su Iglesia consiste en que pueda decir que lo afirmado por Él en relación al matrimonio y el adulterio ya no es válido?
Es claro que en un divorcio no siempre las dos partes tienen la misma culpa. Todos conocen casos en los que el marido o la esposa abandonan al cónyuge para largarse con otra persona. De tal manera que el que ha sufrido la infidelidad se queda solo y, en ocasiones, con toda una vida por delante. Muchos preguntan: ¿acaso ese fiel tiene que sufrir el “castigo” de no poder mantener otra relación sentimental que acabe en matrimonio abierto a la vida? Pues miren ustedes, volvemos a lo dicho por Cristo: No, no puede. Y si lo hace, peca gravemente y se convierte en tan adúltero como el cónyuge que le traicionó primeramente.
Pareciera como si ignoráramos que la gracia de Dios es capaz de mantener a una persona alejada del pecado mortal que lleva a la condenación. Pareciera como si creyéramos que el Señor no tiene especial misericordia hacia aquellos que han sido abandonados por su marido o su esposa. Pareciera como si pensáramos que a quien necesita gracia sobre gracia para permanecer fiel a Dios, Dios mismo no se la concede. Pareciera como sidesecháramos la enseñanza de que nos toca cargar con nuestras respectivas cruces, porque así lo dijo Cristo.
Sin dar detalles que no interesan por el momento a nadie, conozco en primera persona, y por testimonio de hermanos en el Señor, lo que es pasar por una crisis matrimonial fortísima. Sé lo grande que puede ser la tentación de romper con todo y largarse con otra persona. Pero también sé que Dios es un Dios de vivos y no de muertos, y que si dejamos que Él obre en un matrimonio herido e incluso muerto, puede darle vida. Y una vida matrimonial aún mejor y más maravillosa que la que había antes de la crisis. Si los dos cónyuges son verdaderamente cristianos, no hay dificultad que Dios no pueda ayudar a superar. Si, por la razón que sea, has perdido el amor a tu cónyuge, ¿acaso piensas que si pides a Dios que te vuelva a dar amor, Él no te lo dará? ¿No habíamos quedado en que el amor “todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera” (1ª Cor 13,7)?. Eso, y no otra cosa, es lo que la Iglesia debe de enseñar, promover y alentar. Pero en caso de que la separación sea irremediable, la solución no es abrir la puerta a que cada cual pueda “rehacer” su vida con otro matrimonio. Porque eso no es rehacer nada, sino montar una farsa basada en el pecado.
El cardenal Burke, como hizo recientemente Mons. Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha sido claro y tajante:
Debe comprenderse que el primer ingrediente, el ingrediente mínimo y esencial en una respuesta pastoral de caridad, es la justicia de la verdad. Sólo puedo amar a alguien desde el respeto a la verdad. En relación con las personas divorciadas en nuevas uniones, la Iglesia tiene que ser misericordiosa, recibirlas y ayudarles a participar en la vida de la Iglesia lo máximo posible; pero no puede faltar a la verdad y pretender que la nueva unión está en orden.
Y
La indisolubilidad del vínculo está claramente reconocida, desde la fundación de la Iglesia, en el evangelio de Mateo, por lo que la Iglesia tiene que respetar y promover la verdad del matrimonio de todos los modos posibles, como la unión indisoluble y abierta a la vida entre un hombre y una mujer.No puede haber cambios en eso.
Algunos han sugerido que nos fijemos en lo que hacen los ortodoxos. Pues bien, los ortodoxos se han separado de la fe cristiana en ese punto tan importante. Han roto con la Biblia y la Tradición. Y ojo, no es que ellos acepten que los divorciados vueltos a casar comulguen.Directamente admiten que se vuelvan a casar. ¿Es eso lo que se propone para la Iglesia Católica? ¿de verdad nos vamos a cargar una doctrina inmutable que procede de las palabras de Cristo? Habiendo tantas cosas buenas entre los ortodoxos -por ejemplo, su sentido de lo sagrado y su respeto por la liturgia-, ¿nos vamos a fijar precisamente en aquello de ellos que supone una ruptura clara con la Revelación?
Mons. Müller lanzó una advertencia en su artículo “La fuerza de la gracia”:
La Iglesia Católica ha defendido la absoluta indisolubilidad del matrimonio también al precio de grandes sacrificios y sufrimientos. El cisma de la «Iglesia de Inglaterra» separada del sucesor de Pedro, tuvo lugar no con motivo de diferencias doctrinales, sino porque el Papa, en obediencia a las palabras de Jesús, no podía ceder a la presión del rey Enrique VIII para disolver su matrimonio.
Es decir, por fidelidad a Cristo la Iglesia sufrió un cisma, ¿y vamos ahora a traicionar a Cristo en nombre de una pastoral supuestamente “misericordiosa? ¿en qué cabeza católica puede caber algo así? Es más, ¿en serio alguien cree que no se produciría un cisma enorme en caso de que una parte importante de la Iglesia Católica decidiera que se puede cambiar esa doctrina?
Lo explica el cardenal Burke:
Propagar la idea de que habrá un cambio radical, y de que la Iglesia va a dejar de respetar la indisolubilidad del matrimonio es falso y muy dañino. Un cambio así no está en manos de la Iglesia. La Iglesia debe ser obediente a las palabras de Cristo. Esta situación con algunos obispos en el alto Rin debe ser corregida. Si esa actitud se extiende a otros lugares, estaríamos fallando en la defensa de una verdad fundamental para la fe.
¿Creen ustedes que eso solo lo piensa ese cardenal?, ¿no será más bien que hay centenares de obispos dispuestos a decir lo mismo? En realidad, ¿no es ya un escándalo que estas cosas tengan que ser debatidas? ¿desde cuándo se debate sobre dogmas de fe y doctrinas pertenecientes al depósito de la fe? Porque, y esto es lo segundo, ¿acaso no es doctrina irreformable que no se puede acceder a la Eucaristía en pecado mortal? ¿también vamos a cambiar eso? La Eucaristía no es el premio para los perfectos, pero tampoco puede profanarse abriendo la puerta a que comulguen quienes públicamente llevan una vida de pecado. No conozco a un solo sacerdote que haya negado la comunión a un fiel por temas menores. Sí conozco sacerdotes que permiten que se profane la Eucaristía admitiendo que comulguen personas que todo el mundo sabe que son divorciados y vueltos a casar. Lo primero no debe ser combatido porque casi nunca se plantea. Lo segundo ha de ser arrancado de la praxis pastoral y sacramental a menos que queramos unirnos al espíritu de este mundo que está destrozando la institución familiar.
El resto de la entrevista del cardenal Burke no tiene desperdicio. Son muchos los católicos que necesitaban oír de un pastor de la Iglesia alguna de sus frases. Valga este ejemplo:
Y yo entiendo que puede haber buenos católicos que, durante décadas, han trabajado en defensa de la vida y de la familia, que ahora estén confundidos por lo que les llega de lo que está diciendo el Papa. Por eso creo que les dirigirá una palabra: Debéis continuar con lo que estáis haciendo. Porque eso es lo que él piensa. El Papa está tratando de acercarse a los alejados, pero eso no significa que quiera abandonar las cuestiones pro vida.
Bien estaría que otros pastores hicieran lo mismo. No se puede dejar a millones de hijos de Dios y de la Iglesia en la duda, en el temor, en la sensación de que quienes por pura gracia, en medio de una de las peores crisis -la postconciliar- que ha sufrido la Iglesia en su historia, han sido realmente fieles a todo lo que la Iglesia ha enseñado y defendido durante siglos, son ahora considerados como una especie de fariseos enfermos de un “neopelagianismo autorreferencial y prometeico", que vayan ustedes a saber lo que significa. El que tenga oídos para oír, que oiga: si para acercarse a los alejados se patea a los que están dentro, ni los alejados volverán para quedarse, ni muchos de los de dentro se quedarán.
Exsurge Domine, adjuva nos, et libera nos propter nomen tuum.

Luis Fernando Pérez Bustamante

ENTREVISTA CON EL CARDENAL BURKE, ESTE SI, UN VERDADERO PASTOR DE LA IGLESIA

Es el responsable del más alto tribunal de la Iglesia, que vela por la recta tramitación de las causas de nulidad matrimonial en todos los tribunales de la Iglesia. Pero la Signatura Apostólica es también un alto tribunal administrativo, que resuelve cuestiones jerárquicas y conflictos de competencia entre los dicasterios. El cardenal Burke, nacido en Wisconsin (EE.UU.), en 1948, es una de las voces más autorizadas en materias como la reforma de la Curia.











(Alfa y Omega) Es además un referente para el pujante movimiento pro vida de su país, y en el Vaticano, uno de los grandes defensores de la recuperación del latín. La pasada semana, presentó, en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad San Dámaso, de Madrid, la revista Ius Communionis.

–La reforma de los dicasterios es el tema de estudio en la segunda reunión del Consejo de 8 cardenales. ¿Cuál es, en su opinión, el objetivo de la reforma?

No soy parte del Consejo, y no conozco el contenido de los debates. Se habla de la fusión de algunos dicasterios, de la creación de otros nuevos... Yo sólo puedo imaginaruna reforma en continuidad con la constitución Pastor Bonus. Algunos han dicho que la reforma traerá algo completamente nuevo, pero eso me parecería contrario a la naturaleza de la Iglesia, que es un cuerpo orgánico.

–¿Cómo puede impregnarse más la Curia de ese espíritu misionero, del que habla el Papa en su Exhortación Evangelii gaudium?

Siempre existe esa tensión, y es algo bueno. Por un lado, la Iglesia necesita una buena administración central, porque es universal, es una en todo el mundo, y necesita una estructura adecuada al servicio de las diócesis. Pero ese servicio debe tener impulso misionero, y necesita comprender lo mejor posible la situación en las diversas partes de la Iglesia y responder adecuadamente a sus necesidades.
Pero debo decir, como alguien que ha trabajado en la Curia entre 1989 y 1995 [como defensor del vínculo en la Signatura Apostólica], y ahora, desde 2008, que siempre he encontrado en la Curia ese espíritu de servicio al Santo Padre en su misión de pastor de la Iglesia universal. Esto puede fortalecerse e intensificarse, y será muy bueno que se haga, pero es falso decir que, hasta ahora, la Curia no ha sido misionera y no se ha preocupado por las Iglesias locales.

–En su discurso a la Signatura Apostólica, el Papa destacó el servicio del defensor del vínculo en los procesos de nulidad, lo que parece que no va tanto en la línea de los cambios que se propugnan desde algunos sectores en Europa central. ¿Cómo se concilian misericordia, verdad y justicia en temas como la comunión de los separados, en nuevas uniones?

Debe comprenderse que el primer ingrediente, el ingrediente mínimo y esencial en una respuesta pastoral de caridad, es la justicia de la verdad. Sólo puedo amar a alguien desde el respeto a la verdad. En relación con las personas divorciadas en nuevas uniones, la Iglesia tiene que ser misericordiosa, recibirlas y ayudarles a participar en la vida de la Iglesia lo máximo posible; pero no puede faltar a la verdad y pretender que la nueva unión está en orden.
A menos de que haya habido una declaración de nulidad de lo que se presumía un matrimonio, el vínculo existe. La indisolubilidad del vínculo está claramente reconocida, desde la fundación de la Iglesia, en el evangelio de Mateo, por lo que la Iglesia tiene que respetar y promover la verdad del matrimonio de todos los modos posibles, como la unión indisoluble y abierta a la vida entre un hombre y una mujer. No puede haber cambios en eso.
¿Compasión? ¡Por supuesto! Pero la compasión no puede incluir que esa persona acceda a la Eucaristía. Lo que se está planteando en algunos ámbitos en Alemania, a mi juicio, es erróneo. El arzobispo Müller, Prefecto de la Doctrina de la Fe, ha dejado este punto muy claro, en un artículo en L'Osservatore Romano. No expresó su opinión personal, sino la enseñanza permanente de la Iglesia, que no puede alterarse.
Propagar la idea de que habrá un cambio radical, y de que la Iglesia va a dejar de respetar la indisolubilidad del matrimonio es falso y muy dañino. Un cambio así no está en manos de la Iglesia. La Iglesia debe ser obediente a las palabras de Cristo. Esta situación con algunos obispos en el alto Rin debe ser corregida. Si esa actitud se extiende a otros lugares, estaríamos fallando en la defensa de una verdad fundamental para la fe.

–«Los matrimonios están más expuestos a la invalidez que en el pasado», añadía monseñor Müller.

Eso es muy probablemente así. ¡La cultura ha alcanzado un punto tan bajo! Se ha vuelto muy materialista y relativista. Se ha perdido el sentido de la moral inscrita en el corazón humano y en la conciencia. Por eso, es muy posible que, para la gente, sea hoy más difícil comprender la naturaleza del matrimonio. Pero cada caso particular [de nulidad] debe ser examinado individualmente y demostrado.
Todos nosotros, no importa en qué cultura vivamos, tenemos un corazón humano, y en el fondo de ese corazón encontramos el sentido verdadero del matrimonio. Eso es la ley natural. Y si negamos eso, negamos la relación que existe entre nuestra conciencia y Dios, de cuyas manos procedemos. Por tanto, hay que ser muy cautos: reconocer la influencia de la cultura, sí, pero, al mismo tiempo, ser firmemente respetuosos con la conciencia humana.
En mi propia experiencia como sacerdote, en el trato con parejas jóvenes en los EE.UU., donde tenemos una cultura muy secularizada, he tratado con muchos jóvenes que, precisamente porque sus padres o hermanos estaban divorciados, habían optado por una concepción de matrimonio que no fuera a terminar en divorcio.
Hay un aspecto que creo que debe ser subrayado, y pienso que así será en el próximo Sínodo: sí, la cultura se ha alejado mucho del cristianismo en Europa o en EE.UU, pero nuestra respuesta a esa cultura no puede ser acomodarnos a ella. Traicionaríamos la fe católica. Lo que sí debemos hacer es enseñar la fe y testimoniarla de manera más eficaz. Hay muchos jóvenes esperando ese tipo de testimonio, porque son conscientes de que viven en una cultura en quiebra, estéril y que hace a la gente infeliz. Y quieren vivir una vida cristiana verdadera.

–En los casos que le llegan a usted a diario, ¿percibe que falta una mejor preparación al matrimonio?

Desde luego. En una cultura como la que existe en los EE.UU., o aquí en España, la preparación para el matrimonio debe ser mucho más profunda. Cuando dos jóvenes se quieren casar, muchas veces tienen la sensación de que ya están preparados y no quieren perder tiempo con charlas y sermones, pero tenemos que ayudarles a comprender lo importante que es para ellos reflexionar sobre el matrimonio, de modo que después su unión no termine en un divorcio. Incluso en esta cultura antifamiliar, está fuera de discusión que cada divorcio es una tragedia y provoca heridas de por vida.

–El cardenal Erdö ha advertido de que, más que el divorcio, hoy el gran problema es que muchos jóvenes no se casan en absoluto...

Ésa es otra gran dificultad. En muchos países, muchos jóvenes viven como marido y mujer, y no ven la importancia de casarse ante Cristo. Ahí existe una tremenda necesidad de evangelización.

–El Papa Francisco ha pedido revisar el modo en que la Iglesia presenta la defensa de la vida, porque su mensaje ya no es comprendido en sociedades fuertemente secularizadas. Este planteamiento ha generado cierta confusión entre algunos católicos. ¿Qué les diría usted?

El Papa tiene ese gran y bello don de la cercanía; la gente le entiende; los números de personas que se acercan a Roma son impresionantes, mayores que nunca. Pero el Santo Padre ha pedido muchas veces que no se caiga en un culto personal, sino que la atención se dirija hacia Cristo. De hecho, el mayor regalo que él tiene para toda esa gente que acude a verle es anunciarles la verdad de la fe.
Yo entiendo que no podemos estar siempre hablando del aborto, pero, al mismo tiempo, éste es uno de los problemas morales más graves que hoy afronta nuestra sociedad. Cuando se eliminan cientos de miles de vidas humanas indefensas e inocentes, ¿qué queda del respeto a la vida? Esto tiene repercusiones importantes en asuntos como la atención a los pobres. En mi opinión, hasta que no se restaure el respeto a la vida humana en su forma más inocente e indefensa, no habrá la mentalidad adecuada para resolver otros graves problemas morales.
Lo mismo puede decirse con respecto a las presiones para legalizar el así llamado matrimonio -que no es matrimonio en absoluto- entre dos personas del mismo sexo. Esto contradice la ley moral natural y destruye la sociedad, algo similar a lo que ocurrió en la Grecia Antigua o en Roma. Por tanto, hay que dar gracias a Dios por el don del Santo Padre, pero la gente debe entender que es el Vicario de Cristo en la tierra, y que Cristo nos llama a cada uno a una conversión de vida. El Señor muestra una gran compasión hacia la mujer adúltera del Evangelio, pero sus últimas palabras son: «No peques más».
Y yo entiendo que puede haber buenos católicos que, durante décadas, han trabajado en defensa de la vida y de la familia, que ahora estén confundidos por lo que les llega de lo que está diciendo el Papa. Por eso creo que les dirigirá una palabra: Debéis continuar con lo que estáis haciendo. Porque eso es lo que él piensa. El Papa está tratando de acercarse a los alejados, pero eso no significa que quiera abandonar las cuestiones pro vida.

–No es eso lo que uno percibe al informarse en determinados medios.

Sí. Toman del Santo Padre cualquier pronunciamiento que les parece más abierto y le dan amplia difusión, pero cuando dice algo como lo que dijo a la Signatura Apostólica, o cuando se pronuncia sobre el aborto, no publican una sola palabra. Igual que cuando habla del diablo. Rara vez se ve alguna mención.

- Un aspecto que llama la atención de la Iglesia en EE.UU. es cómo es capaz de defender con gran naturalidad la vida y el matrimonio, y al mismo tiempo, es un claro referente en asuntos sociales, como la defensa de los inmigrantes. ¿Ve esta actitud como un ejemplo para Europa?

Creo que ésta podría ser una contribución de la Iglesia en EE.UU. en este tiempo. Un cardenal italiano me dijo que había que animar a los católicos a continuar en esta línea de defensa de la vida y de la familia, de defensa de los derechos humanos, de hablar claro a los políticos cuando traicionan el bien común... Pero no es fácil; los obispos deben seguir siendo fuertes.

–Usted le ha dicho públicamente a más de un dirigente proabortista que no debía comulgar...

Es que si un político favorece el aborto, o el llamado matrimonio homosexual, lo cual es pecado público muy grave, ¿cómo puede acercarse esta persona a la sagrada Comunión sin haberse convertido y haber hecho un acto de reparación?

–¿La clave está en buscar una aproximación a las controversias y a los temas morales alejada de categorías ideológicas o políticas? ¿Es esto -entre otras cosas- lo que propone usted en su libro Divine Love made flesh [Amor divino, hecho carne)]?

Sí, ésa es una reflexión sobre la Eucaristía, a partir de varios artículos que escribí siendo obispo en los Estados Unidos. Quizá algún día haya una traducción española.

–A menudo ha expresado usted su preocupación por los abusos en la liturgia en las décadas posteriores al Concilio. Ahora que se cumplen 50 años de la Constitución Sacrosanctum Concilium, ¿considera que el problema ha sido resuelto?

No del todo, aunque se han hecho muchos progresos. Hay que considerar que, desde el período postconciliar, hasta que Juan Pablo II advirtió del deterioro en la vida litúrgica, el número de católicos que creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía ha disminuido. Queda mucho trabajo pendiente, a pesar de los esfuerzos de Juan Pablo II, o, después, de Benedicto XVI, que dejó como uno de sus grandes legados su amor profundo a la liturgia, plasmado en la legislación con el motu proprio Summorum Pontificum y en la Instrucción Universae Ecclesiae, de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei.
Ahí tenemos una clave para llevar a cabo la reforma que pretendía Sacrosanctum Concilium, es decir, en continuidad con la tradición de la Iglesia. Esta idea de dos formas de un único rito romano enriqueciéndose mutuamente, yo espero que, con el tiempo, quizá, se acentúe en una nueva revisión del rito romano, de modo que la renovación del Concilio alcance su objetivo propuesto. Pero para eso sería necesario también recuperar el conocimiento del latín, que en sólo unas décadas casi se ha olvidado. En el pasado, el latín ayudaba a la gente a mantener un fuerte sentido de la tradición. Ahora toca recuperarlo.


domingo, 1 de diciembre de 2013

lunes, 25 de noviembre de 2013

ISRAEL Y ARABIA SAUDI PODRIAN ATACAR A IRAN TRAS EL ACUERDO NUCLEAR

Israel y Arabia Saudita podrían cooperar en un ataque contra instalaciones nucleares iraníes tras el histórico acuerdo del Sexteto e Irán sobre el programa nuclear de Teherán. El Mossad ha empezado preparativos de guerra en territorio saudita.

Así lo afirma el periodista y bloguero Aaron Klein, que añade que las autoridades egipcias confirmaron que personal israelí recientemente visitó Arabia Saudita para inspeccionar bases militares. "Los funcionarios afirmaron que Israel, Arabia Saudita, Catar, Jordania y otros países árabes y del golfo Pérsico han discutido los próximos pasos a seguir para realizar posibles ataques contra las instalaciones nucleares de Irán", según el periodista. Mientras tanto, EE.UU. avisó a Israel y Arabia Saudita de que los sistemas de radares sobre el espacio aéreo de Irán están bajo su control y que ningún ataque debería ponerse en marcha sin permiso de la Administración Obama, añade Klein. 

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, tachó el acuerdo alcanzado en Ginebra de "error histórico". El político advirtió que el mundo se ha convertido en un lugar más peligroso, al igual que tras el acuerdo con Corea del Norte en 2005. 

La familia real saudita también expresó su indignación por el acuerdo sobre el programa nuclear de Teherán. Anteriormente el diario 'Sunday Times' informó que Arabia Saudita accedió a permitir que Israel usara su espacio aéreo. Además, los sauditas dijeron que proporcionarían 'drones', aviones cisterna y helicópteros para un posible ataque israelí contra Irán. El periódico reveló que el Mossad -el servicio secreto de inteligencia de Israel- estuvo trabajando estrechamente con la inteligencia saudita en los preparativos en caso de la consecución de un acuerdo en Suiza. Netanyahu y funcionarios israelíes intentaron persuadir a EE.UU. para que rechazara un compromiso con la República Islámica. Según Israel, cualquier acuerdo sobre el programa nuclear iraní pondría en peligro su existencia.  


Ante la posibilidad de que el movimiento chií Hezbolá apoyara a Irán en caso de un ataque, en octubre se informó que Israel estaba considerando atacar las posiciones de la organización islámica en el sur del Líbano para reducir su capacidad de misiles. La organización militar chií tiene "más de 200.000 de misiles capaces de alcanzar cualquier casa de Israel", afirmó el ministro israelí de Defensa Civil, Guilad Erdán.

Sin embargo, los expertos militares de Israel hablan de otra cifra. Así, el director adjunto de personal de las Fuerzas de Defensa de Israel, Yair Naveh, sostiene que el arsenal de Hezbolá cuenta con unos 60.000 cohetes y misiles, una cantidad diez veces superior al número de misiles que poseía la organización durante la invasión de 34 días del Líbano por parte de Israel en 2006.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

jueves, 14 de noviembre de 2013

UN GRUPO DE JOVENES CATOLICOS DEFIENDE LA DIGNIDAD DE LA IGLESIA FRENTE A LOS TRAIDORES APOSTATAS

"Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en vuestra casa, ni le digáis: ¡bienvenido! pues el que lo saluda participa en sus malas obras". 2 Juan 1:11



 La historia es la de siempre, un acto de sincretismo religioso en la Catedral de Buenos Aires auspiciado por la Jerarquía de la Iglesia, un acto que ofende gravemente la dignidad del Cuerpo Místico de Cristo, pero la cosa no acabó como los traidores apóstatas y heréticos que allí se encontraban hubiesen querido, un grupo de jóvenes católicos encabezado por un jovencísimo Sacerdote hicieron lo que todos deberíamos hacer, ante la horrible imagen de la casa de Dios profanada por los enemigos de la Fe, rezaron un Santo Rosario, y se opusieron con su testimonio de Fe a la traición más pueril, y al humo del Infierno, que más que humo es incendio devastador, y que asola la Iglesia por los cuatro costados.

 Más Información: http://pagina-catolica.blogspot.com.es/2013/11/es-lo-que-el-papa-quiere.html

jueves, 7 de noviembre de 2013

EL CARDENAL SARAH DENUNCIA LA APOSTASIA SILENCIOSA EN LA IGLESIA

Aun entre los bautizados y los discípulos de Cristo hay actualmente una especie de apostasía silenciosa, un rechazo de Dios y de la fe cristiana en la política, en la economía, en la dimensión ética y moral y en la cultura post-moderna occidental». Así lo ha denunciado el cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum, durante su participación en el encuentro sobre la actividad caritativa de la Iglesia promovido por las Conferencias Episcopales Europeas.

 La reunión, que tuvo lugar del 4 al 6 de noviembre en Trieste, Italia. contó con la presencia de cincuenta obispos y responsables de las acciones de caridad de las Conferencias Episcopales de Europa,que abordaron la actividad caritativa de la Iglesia y el papel del obispo, a la luz del Motu proprio del papa Benedicto XVI sobre la naturaleza íntima de la Iglesia.

El purpurado aseguró que «no es posible entender la caridad cristiana, sin tomar en cuenta su estrecho vínculo con la fe en Cristo y entender que fluye de Él, dicen los obispos en un comunicado. El presidente del Consejo Cor Unum, cardenal Sarah, prosiguió su exposición advirtiendo que

«involuntariamente respiran con todos sus pulmones doctrinas que van en contra del hombre y que generan nuevas políticas que tienen un efecto de erosión, destrucción, demolición y grave agresión, lentas pero constantes, sobre todo en la persona humana, su vida, su familia, su trabajo y sus relaciones interpersonales. No tenemos ni siquiera el tiempo para vivir, amar, adorar. Este es un desafío excepcional para la Iglesia y para la pastoral de la caridad. La Iglesia, de hecho subrayó el cardenal denuncia también las diferentes formas de las que es víctima la persona humana.

Humanismo sin Dios
«Un humanismo sin Dios», dijo el cardenal Sarah, «al lado de un subjetivismo exacerbado, ideologías que son difundidas por los medios de comunicación y por los grupos extremadamente influyentes y financieramente potentes, se esconden detrás de las apariencias del servicio internacional y actúan incluso en el ambiente eclesial y en nuestras agencias de caridad».
"Para la Iglesia, «los valores cristianos que la guían y la identidad eclesial de la actividad caritativa no son negociables, se debe rechazar cualquier ideología que vaya en contra de la enseñanza divina y rechazar categóricamente cualquier apoyo económico o cultural que imponga condiciones ideológicas opuestas a la visión cristiana del hombre".
Finalmente el cardenal Sarah pidió a los obispos y delegados responsables de la actividad caritativa de las Conferencias Episcopales Europeas que esta pastoral no se reduzca «a una expresión puramente filantrópica o solidaria».
Nuestra primera tarea, explicó, consiste en «definir correctamente la naturaleza de la actividad caritativa, para no transformarla en una intervención de tipo político, puramente social o humanitaria». A continuación, «nos tenemos que preguntar: ‘¿Qué visión del hombre queremos promover con nuestra acción caritativa?’». «Cuántos practiquen la caridad deben ser testigos creíbles de Cristo», concluyó
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