sábado, 3 de julio de 2010

JUNIO SE CONVIERTE EN EL MES MAS SANGRIENTO PARA LA OTAN EN AFGANISTAN

El caos golpea con más fuerza que nunca a Afganistán. Junio, al que todavía le quedan tres días para finalizar, se ha convertido ya en el mes más sangriento de la OTAN en el país centroasiático. La muerte de siete soldados de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), que actúa bajo paraguas de la OTAN, en las últimas horas ha arrojado más sangre a un mes que se ha cobrado 102 militares fallecidos desde el inicio de la misión en 2001.

Hasta el momento, agosto de 2009 tenía este macabro record con 77 uniformados muertos. Pero este junio pone de manifiesto las dificultades de la misión de la OTAN en Afganistán, justo cuando Estados Unidos se encuentra en plena crisis política y de liderazgo en la guerra. La semana pasada, Obama sustituyó como jefe de sus tropas al general McChrystal por David Petraeus, el héroe de la retirada Irak. El motivo fue un reportaje sobre McChystal en la revista Rolling Stone en el que el general criticaba al poder civil y cuestionaba a la Administración de Obama.

En esta última oleada de ataques, el más grave se registró el domingo, al norte del país, donde cuatro soldados noruegos murieron por la explosión de un artefacto casero colocado en una carretera. El ministro de Defensa del país precisó que los militares formaban parte de la fuerza para estabilizar la provincia. Hasta fecha de hoy, cinco uniformados noruegos habían muerto en Afganistán desde el inicio de la guerra.

Las fuerzas talibanes son cada vez más fuertes, pese a los 150.000 soldados extranjeros, y se registran unos niveles de violencia cada vez más altos. El año pasado el ejército estadounidense y el británico encabezaron la campaña para recuperar el control de las provincias del sur, bastiones de la insurgencia talibán donde predomina la etnia pastún. 2009 fue el año con más muertos, 521. En 2010 ya van 315.

Por su parte, el presidente de EE UU Barack Obama, ha asegurado hoy que sus tropas no abandonarán Afganistán repentinamente, pese a apoyar la idea de los países más industrializados de poner fin a la guerra en un plazo de cinco años. Tras la clausura de la cumbre del G-20 en Toronto, Obama ha reiterado su compromiso de comenzar la retirada dentro de un año. Tras mencionar el "interés nacional vital en que Afganistán no se use como base para lanzar ataques terroristas", ha apuntado que la solución, como en Irak, no puede ser en exclusiva militar.

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